10 Aug 2017 Story Ecosystems

Chile gana batallas en su lucha contra la contaminación del aire

El uso de leña para calentar los hogares libera humos tóxicos que afectan la salud de las personas. Chile está diciendo adiós a los viejos calefactores de leña como parte de una estrategia para enfrentar uno de sus mayores desafíos ambientales: la contaminación del aire.

La leña produce hasta 94% de las emisiones de partículas finas (PM2.5) en algunas ciudades chilenas, de acuerdo con el Ministerio del Medio Ambiente. Pero los obstáculos económicos impiden que muchos hogares se pasen a fuentes de energía más limpias o sustituyan los calentadores y estufas que han tenido en los últimos 30 años.

En invierno, cuando hay poca lluvia o no hay viento que se lleve el smog, el aire se vuelve insoportable en ciudades como Santiago, que está ubicada en un valle que impide la dispersión de las partículas.

 

 

La contaminación del aire en Chile tiene un costo anual para el sector salud de por lo menos US$ 670 millones y es la causa de 127.000 consultas médicas de emergencia así como de más de 4.000 muertes prematuras.

Para enfrentar este desafío, en 2014 el Gobierno impulsó un programa para reemplazar 200.000 calefactores de leña por unos más eficientes, como los de gas, parafina o de pellets de madera. Esto ha dado lugar a una reducción de las emisiones y a una mejora en la calidad del aire interior, sobre todo en la región centro-sur, una de las más afectadas.

Las viejas estufas generan el doble de emisiones tóxicas que los calefactores de pellets de madera y el triple de los de parafina, según cálculos del Ministerio del Medio Ambiente chileno.

“Esto mejora nuestra calidad de vida, nos ayuda a ahorrar y sobre todo a aportar a la descontaminación de Coyhaique” (una ciudad en el sur de Chile), dijo Ramón Soto Vidal,  quien recibió ayuda para sustituir su calefactor por uno en base a parafina.

“Esta es una alternativa cómoda, limpia y práctica. Encuentro que está bien para los departamentos. (...) la leña nos gusta, pero es complicada de usar y genera contaminación, que es algo que nos preocupa”, comentó la beneficiaria Raquel Fuica en Osorno, una ciudad agropecuaria del sur donde la contaminación de partículas finas puede llegar a ser mayor que en Santiago, básicamente a causa de la leña.

Otra participante del programa, Verónica Nahuel, invitó a sus vecinos que todavía no se incorporan a que apliquen al programa de sustitución de calefactores. “Está claro que si ponemos un granito de arena podemos contribuir a descontaminar”, dijo.

El país ha comenzado a disfrutar de este y otros esfuerzos. “Este año hemos comenzado a ver los efectos y beneficios de los planes de descontaminación atmosférica que no habíamos podido apreciar en años anteriores, debido a la sequía y a malas condiciones de ventilación”, indicó el Ministro del Medio Ambiente de Chile, Marcelo Mena.

Mena reveló que entre el 1 de abril y el 29 de junio de 2017 los episodios críticos de contaminación atmosférica en las principales ciudades de la región centro-sur disminuyeron 45% respecto al mismo período de 2016.

Los episodios ocurren cuando las altas concentraciones de partículas en suspensión (PM10 y PM2.5) representan un riesgo para la salud humana. En Chile, 10 millones de personas están expuestas a una concentración media de partículas finas por encima de 10 microgramos por metro cúbico (μg/m3), un nivel considerado inseguro por la Organización Mundial de la Salud.

"Los episodios críticos se han reducido casi a la mitad en gran parte de Chile... La transformación hacia una calefacción más limpia ha comenzado, es irreversible y ha permitido que tanto el Estado como los ciudadanos colaboren para limpiar el aire en las ciudades", explicó el Ministro.

El Gobierno de Chile también subsidia el aislamiento térmico en hogares de ingresos bajos y medios como parte de un programa que intenta mejorar las condiciones de vivienda de 100.000 familias anualmente. El aislamiento reduce la demanda de calefacción en 30%, lo que se traduce en menores emisiones y gastos en energía, de acuerdo con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo.

 

 

 

Local es global

El uso de energía en los hogares es una de las principales fuentes de contaminantes climáticos de vida corta (CCVC) en Chile.

El país ha estado tratando de reducir los CCVC desde 2012 como parte de la Coalición Clima y el Aire Limpio. Esta es una alianza internacional, liderada por ONU Medio Ambiente, compuesta por  gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, con el objetivo de reducir las emisiones de gases como el metano, el carbono negro y los hidrofluorocarbonos.

“La contaminación local de hoy día comienza a tener relevancia a un nivel global en el contexto del cambio climático”, indicó Mena. “Si somos capaces de atacar a los contaminantes climáticos de vida corta, tendremos un futuro climático seguro, con un incremento medio de temperatura menor a 1.5°C”.  

Chile se ha comprometido a reducir los CCVC como parte de su contribución al Acuerdo de París.

El Gobierno también ha logrado reducir la contaminación por otras vías: un impuesto a las emisiones de vehículos impactó en una reducción de 30% en las emisiones de dióxido de carbono y óxido de nitrógeno entre 2015 y 2016; y la aplicación de incentivos fiscales mejoró las importaciones de vehículos menos contaminantes que cumplen con los estándares "Euro 6", explicó Mena.

Chile ha demostrado un fuerte compromiso con la campaña Respira la Vida, una iniciativa liderada por ONU Medio Ambiente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la  Coalición Clima y Aire Limpio para movilizar a  ciudades e individuos a proteger nuestra salud y la del planeta contra los efectos de la contaminación atmosférica. Su principal objetivo es alcanzar los estándares de calidad del aire de la OMS para el año 2030.

Desde 2014, Santiago ha sido líder en este camino con su campaña Santiago Respira, que busca reducir las emisiones de partículas en 60 %. Recientemente, Chiguayante, Concepción, Hualqui y Talca se unieron a Santiago en la campaña Respira la Vida.