10 Dec 2018 Story Ecosystems

Baobabs, símbolos de esperanza en un bosque amenazado

ONU Medio Ambiente / Lisa Murray

Nuestro vehículo de doble tracción se detuvo y generó grandes nubes de polvo. Descendimos del carro y nos abrazó el intenso calor del día. Zoemana y sus colegas guardabosques corrieron a toda velocidad hacia una columna de humo que se veía a la distancia.

Buscamos nuestras cámaras y trotamos detrás de ellos, pero antes de recorrer cien metros ya estaban de regreso, sin aliento, pero sin miedo.

“Cuatro hombres”, pronunció Zoemana, “se han ido”.

El ruido de los autos se alejó. Aunque el objetivo de los guardabosques pudo haber escapado—al menos por ahora— su rastro era inconfundible; una franja de tierra chamuscada, salpicada por muñones carbonizados y troncos humeantes. Las conchas de los caracoles gigantes eran la única señal de que hubo vida en este lugar hace tan solo unos días.

A solo 20 kilómetros al norte de la icónica Avenida de los Baobabs, está la primera línea de batalla contra la deforestación en el oeste de Madagascar. Aquí tiene lugar un juego diario -algunas veces mortal- entre los guardabosques de Menabe y los agricultores que talan y queman partes del mayor bosque seco que queda en esta región de la isla.

"Como guardabosques, a veces nos da miedo ser asesinados. Tratamos de proteger el bosque, pero otras personas buscan beneficiarse de él. Nos preocupamos por nuestras vidas, por la inseguridad. No es fácil hacer nuestro trabajo", dijo Zoemana.

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Zoemana Bendray es uno de los casi 100 guardaparques que se han dedicado a la peligrosa labor de defender el área protegida de Menabe Antimena.

El secreto de los baobabs

De vuelta en la carretera, Steeves Buckland observa sombríamente por la ventana cada kilómetro de tierra baldía que pasa frente a sus ojos. En ese lugar, como en gran parte del área protegida Menabe Antimena -de 210.000 hectáreas-, los baobabs son los únicos árboles en pie, con sus emblemáticas copas esqueléticas y sus troncos hinchados, soportados por la tierra roja.

“La gente ve a los baobabs y cree que son hermosos, pero yo pienso ‘si  tan solo pudieran entender que todo lo que los rodea se ha ido’ (…) literalmente, esta tierra ha sido cultivada hasta la muerte”, dijo.

Buckland es director de Conservación e Investigación de Especies en la fundación Durrell, una organización con más de 30 años de experiencia en la protección de las especies endémicas y amenazadas de Menabe, y aliada de ONU Medio Ambiente y el Instituto de Recursos Mundiales en el proyecto Global Forest Watch, que respalda el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés).

A pesar del trabajo duro de Durrell y sus socios, el tiempo se agota para Menabe. El equipo de Buckland estima que en 2018 se perdieron 50 hectáreas de bosque diarias a causa de la tala y la quema agrícola. Si la deforestación continúa acelerándose al ritmo actual, Buckland teme que el bosque podría desaparecer por completo en solo seis años.

“Eso sería trágico”, alertó. “Este es uno de los últimos remanentes de bosque seco en el oeste de Madagascar. Hay dos sitios Ramsar aquí que albergan 128 especies de aves, 49 de reptiles, 16 de anfibios, ocho de lémures, más de 200 variedades de árboles, y más de tres especies que solo existen aquí, en Menabe Antimena (la tortuga de cola plana, el lémur ratón de Berthe y la rata gigante de Madagascar)”.

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Los baobabs de Menabe son famosos a nivel mundial. En muchos de los lugares donde existen son los únicos supervivientes de la tala ilegal y el desmonte de tierras para la agricultura.

Una combinación destructiva

La pobreza, la migración, el cambio climático y una frágil situación política están empujando al bosque al borde de su destrucción.

Madagascar es uno de los países más pobres del mundo y ocupa el lugar 161 del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (IDH), con más de 75% de sus 26 millones de habitantes viviendo bajo la línea de pobreza.

También es una de las naciones más amenazadas por el cambio climático. Es el tercer país en la lista del Banco Mundial por su vulnerabilidad a tormentas cada vez más frecuentes e intensas como resultado del calentamiento global. Las precipitaciones irregulares y los crecientes periodos de sequía ya afectan a 80% de su población, que depende directamente de la agricultura.

A pesar de que Menabe Antimena es un área protegida desde el 2007, 50.000 personas viven en asentamientos que rodean la reserva y la población continúa creciendo a medida que los migrantes se desplazan hacia el norte, impulsados por la degradación ambiental, la sequía y el riesgo de hambruna en el sur de Madagascar.

En el pasado, el arroz fue el cultivo básico en Menabe, complementado con tubérculos, miel silvestre y otros productos forestales, pero el clima seco y la degradación de las fuentes de agua han empujado a los agricultores a adoptar cultivos de secano como la yuca, el maíz y cacahuate, mientras los migrantes y otras personas sin tierras a menudo optan por tomar espacios del bosque para alimentar a sus familias.

Esta es una solución a corto plazo y con bajos rendimientos. Una vez que se desmonta la vegetación, se talan los árboles y se quema la maleza para abrir espacio a los cultivos, se siembra el maíz durante uno o dos años, y cuando el suelo se degrada y pierde los nutrientes, solo queda la opción de cultivar cacahuate. En tan solo cinco años, la tierra ya no tiene nada más que ofrecer y los agricultores continúan expandiéndose, alargando el ciclo de destrucción.

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Los baobabs son de lo poco que queda en el último bosque seco del oeste de Madagascar. Sin una acción más efectiva, el área protegida de Menabe Antimena podría estar totalmente destruida en apenas seis años.

Los conservacionistas y los líderes locales reconocen que el cumplimiento de las leyes que previenen la explotación del bosque y la concientización de las comunidades locales son la única esperanza para la supervivencia del área protegida.

"La gente local tiene la mayor responsabilidad en la preservación del bosque, pero si las asociaciones y los guardabosques no ejecutan acciones para protegerlo, podemos esperar su destrucción total dentro de la próxima década", dijo Frause, presidente de la aldea de Marofandilia, en los márgenes del área protegida.

Problemas locales, soluciones globales

El tiempo puede estar acabándose para el bosque de Menabe, pero la lucha por su futuro está lejos de terminar.

En una aula en la aldea de Beroboka, 20 guardabosques se agrupaban entusiasmados alrededor de las tabletas electrónicas mientras el técnico de Durrell y el residente local Fefe les muestran el proceso para crear y responder a alertas sobre amenazas al bosque – desde tala ilegal hasta incendios forestales- usando una aplicación móvil diseñada por el proyecto Global Forest Watch.

Esta nueva tecnología ayuda a mejorar los tiempos de respuesta de los guardabosques y ofrece mayores posibilidades de atrapar a los responsables de la tala ilegal y el desmonte de tierras.

"Creo firmemente que este apoyo tecnológico ayudará a reducir las presiones sobre el bosque", dijo Fefe. "Antes, el Comité de Control y Protección de Áreas Protegidas revisaba las zonas cuatro veces al mes, pero con la información de este sistema ahora vienen aquí cuatro veces a la semana".

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Guardaparques se reúnen en la aldea de Beroboka para aprender a usar la aplicación móvil de Global Forest Watch para detectar las amenazas al bosque.

Los datos en tiempo real sobre la salud del bosque y las amenazas emergentes proporcionadas por el sistema se combinan con datos satelitales sobre las tendencias de deforestación aportados por la plataforma de Global Forest Watch.

"La plataforma permite el acceso abierto a información precisa y actualizada sobre la cobertura arbórea y cambios en el uso de la tierra para responsables políticos, organizaciones de conservación, periodistas y el sector privado", dijo Johan Robinson de ONU Medio Ambiente. "Hacer que esta información sea de acceso público es un gran paso para mejorar la efectividad y la transparencia de la gobernanza forestal de Madagascar", añadió.

Lucienne Wilmé, Coordinadora Nacional del Instituto de Recursos Mundiales para Madagascar dijo que el objetivo principal del proyecto Global Forest Watch es proporcionar al gobierno herramientas para mejorar el manejo del bosque.

“La principal amenaza para la biodiversidad en Madagascar, y en todo el mundo, es la sobrepoblación. No podemos evitar que la población crezca, pero podemos ayudar a proporcionar los datos necesarios para ayudar a administrar el bosque de manera sostenible de cara al crecimiento poblacional", dijo Wilmé.

"Global Forest Watch combina información de múltiples fuentes y ‘Big Data’ en una plataforma única, accesible y compresible que apoya al gobierno de Madagascar y a las organizaciones locales de conservación a mejorar la gestión y planificación del uso de la tierra, conservar la biodiversidad y proteger los servicios ecosistémicos que el bosque proporciona a las personas”, añadió.

El proyecto Global Forest Watch 2.0 es una iniciativa de tres años que pone a prueba un sistema de alerta y monitoreo de bosques y deforestación, casi en tiempo real, para apoyar la conservación de los bosques, la aplicación de la ley y el desarrollo de políticas. El proyecto cuenta con el apoyo del GEF y es implementado por ONU Medio Ambiente con la coordinación del Instituto de Recursos Mundiales, el Ministerio de Medio Ambiente, Ecología y Bosques de Madagascar y el Ministerio de Protección del Medio Ambiente y Agricultura de Georgia.

Para más información sobre el trabajo ONU Medio Ambiente en materia de Biodiversidad y Degradación de Tierras, contacte a: johan.robinson[at]unenvironment.org.